Un mundo raro

Un mundo raro

Por: Almudena Grandes, http://www.almudenagrandes.com/

Domingo, 28 de octubre de 2012 | 4:30 am
El Estado Libre Asociado de Puerto Rico esconde, tras esa pomposa denominación, una realidad dolorosa y antigua, una vergüenza centenaria que impide llamarlo por su nombre….. nunca ha dejado de ser una colonia.

Todo el mundo sabe que dentro de poco se celebrarán elecciones para elegir al próximo presidente de Estados Unidos de América. Casi nadie sabe que muy pronto también se celebrarán elecciones para elegir al próximo gobernador de Puerto Rico. Escribo este artículo en San Juan, en un hotel repleto de turistas estadounidenses y escritores latinoamericanos, invitados, como yo, al Festival de la Palabra 2012, una poderosa y multitudinaria convocatoria cultural que apoya la promoción de nuestra lengua en este continente. Lo escribo bajo el impacto de todo lo que he aprendido, todo lo que debería haber sabido y no sabía, lo que me asombra cada día en este país que es y no es un país, que es, sobre todo, una soleada y desconocida excepción de sí mismo, un mundo raro. Dentro de poco se celebrarán elecciones aquí y en Estados Unidos, pero, a pesar del color de su pasaporte, los puertorriqueños solo podrán votar en las primeras. El Estado Libre Asociado de Puerto Rico esconde, tras esa pomposa denominación, una realidad dolorosa y antigua, una vergüenza centenaria que impide llamarlo por su nombre. Porque, por debajo de las apariencias, este lugar hermoso e intenso, de gente amable y belleza auténtica, nunca ha dejado de ser una colonia. Estoy segura de que muchos españoles no lo saben porque yo misma lo ignoraba, pero Puerto Rico jamás ha sido independiente. Nunca ha tenido la oportunidad de acertar o equivocarse por sí mismo, siempre ha dependido de una potencia colonizadora, extranjera. Nadie lo diría al pasar el control de inmigración en el aeropuerto de San Juan, pero esta isla, considerablemente más pobre que el más pobre de los Estados norteamericanos, solo tiene derecho a enviar a un representante al Congreso de Washington, y este, a su vez, puede tomar la palabra, pero no participar en la toma de decisiones, como sus compatriotas no van a poder decidir entre Romney y Obama aunque los partidos de ambos hayan celebrado convenciones en esta isla para recaudar fondos. Ciudadanos de segunda en su propio país, abocados siempre a lo peor, en Estados Unidos los puertorriqueños son directamente extranjeros, inmigrantes pobres e indeseables con dos únicas excepciones: las representaciones de ‘West side story’ y las guerras. Porque aunque no tengan representación en las instituciones que deciden la intervención o no del ejército en conflictos armados, son bienvenidos para luchar bajo la bandera de una nación que solo en ese momento se convierte en la suya. Por si todo lo demás fuera poco, Puerto Rico está atrapado en un dilema circular e irresoluble, que pretende solventarse cada poco tiempo en plebiscitos que no tienen más valor que el de una encuesta, porque el destino de este país no le pertenece. Aquí, los partidos políticos se definen ante todo por su posición acerca del estatus del territorio. En líneas generales, la izquierda es independentista y la derecha “estadista”, es decir, partidaria de que Puerto Rico se convierta en un Estado norteamericano de pleno derecho. En el punto intermedio, hay pragmáticos de izquierda y de derecha que son conscientes de que la independencia es un imposible, y pretenden prolongar la situación actual para conservar al menos un margen de autonomía razonable. Para acabar de complicar la situación, todos saben que Estados Unidos jamás aceptaría un Estado que hable en español, y que desde 1898 todos los intentos de imponer el inglés en las escuelas han fracasado. Y a estas alturas se preguntarán ustedes… ¿y por qué nos cuenta todo esto? ¿Por qué no ha escrito un cuento de amor o desamor, de padres y de hijos, de secretos familiares o crisis aplicada? Se los voy a explicar. Estoy en San Juan, y me asombro y me avergüenzo de todo lo que sé y antes no sabía. He ido a ver la tumba de Pedro Salinas y la he encontrado limpia, bien cuidada, porque los escritores de San Juan se ocupan de ella. He paseado por una de las ciudades coloniales más bellas que existen por una calle que se llama Tetuán. He tenido un encuentro con alumnos de un programa de alfabetización en el centro comunitario del Caño de Martín Peña, uno de los barrios más pobres y combativos de la ciudad, y desde allí he visto pasar la caravana electoral del alcalde. He hecho amigos, me he reído, he comido mofongo y he recibido esa clase de amor atmosférico, disuelto en el aire, que solo transmiten unos pocos lugares en el mundo. Por eso, lo menos que podía hacer era contarlo.

Tomado de http://www.larepublica.pe/columnistas/escalera-interior/un-mundo-raro-28-10-2012

Gracias a Jorge J. Muñiz Ortiz por compartir conmigo esta columna

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